Después del éxito electoral del PSOE en el año 82 los viejos del lugar recordaréis aquella famosa pregunta que se hizo a Rafael Temes Ex Presidente de la Asociación Española de Banca, yo por aquel entonces tenía tan sólo ocho años, pero las hemerotecas están ahí. La pregunta fue sobre qué opinaba que en un país capitalista gobernara el socialismo y su respuesta fue que con un gobierno de izquierdas se regula la economía y la derecha lo economiza y gestiona…Y esto es en parte lo que lleva ocurriendo con la economía en la historia de nuestra corta democracia.
Decía esto porque después de la propuesta que se formuló ayer en el Consejo de Ministros sobre el asunto de subir la edad de jubilación hasta los 67 años, parece que el personal esta un poco rebotado y sinceramente creo que no es para menos, aunque desde la responsabilidad de gobierno a veces no queda más remedio que proponer y llevar a cabo acciones que no gustan en el presente pero que quizá sean necesarias para el futuro. Los sindicatos de clase, UGT y CCOO, han calificado la medida de innecesaria e injusta y la han criticado duramente por el contenido, por la forma y por haberse lanzado al margen del diálogo social en el que se está trabajando. La verdad que se estaba esperando algo de reforma laboral por parte el gobierno, pero no de esta forma tan chirriante y que de golpe y porrazo se pusiera en cuestión el sistema de pensiones, cuando por otro lado se están lanzando mensajes del la situación ideal y boyante de la Seguridad Social.
Por otro lado el Instituto Nacional de Estadística ha reseñado al gobierno que en cuarenta años España se podría convertir en un geriátrico y la verdad que poco se ha tardado para anunciar esta posible medida de jubilación hasta los 67. Sin duda, los vaticinios demográficos del INE no son broma ya que a finales de los ochenta la tasa de natalidad en nuestro país era de 2,8 hijos, treinta años después es la mitad, por lo tanto la proyección para los próximos treinta podéis imaginar cual será si no logramos invertir la tendencia. Particularmente creo que esta es la principal problemática por la que el gobierno esta apuntando la medida que puede estar rebotando a parte de la sociedad y sinceramente para no perder las conquistas sociales de jubilaciones y prejubilaciones se deberían apuntar otras medidas como es conciliando la vida familiar y laboral y subvencionado intensamente y no con cheques bebé a las parejas que tengan hijos con prestaciones proporcionales al salario de los progenitores, ya que sin duda, fomentar la natalidad es invertir en capital humano y actualmente en nuestro país un embarazo es por lo general la antesala del despido.
Puede pensarse que el Gobierno está en el derecho y en la obligación de lanzar una propuesta como ésa, es cierto, pero eso no quita que las preguntas se agolpen desde muy diferentes vertientes. Quizá los datos demográficos del INE no son tan concluyentes como para lanzar esta medida que sin duda esta en una situación de propuesta y quizá queda analizar otras variables como la inmigración para valorar el diagnóstico del que se ha partido. Sin duda la responsabilidad ineludible por el futuro del sistema de pensiones encuentra otros pasos previos al que se ha dado. Por lo demás, la propuesta debe desembocar en la Comisión Parlamentaria del Pacto de Toledo, donde se tendrán que adoptar acuerdos por consenso ya que la prolongación de la edad de jubilación la sufrirán, fundamentalmente, los empleados públicos y los autónomos. El resto, irá por barrios, es decir, que dependerá del tipo de empresa, ya sabéis que a partir de los 58 en muchas empresas eres candidato para prejubilarte. En cualquier caso hay que seguir trabajando por el pacto social, y apoyando al gobierno en todo lo que lo propicie y dejar este asunto o propuesta que no estaba ni en programa de gobierno ni el programa electoral para realizar un debate más a fondo del mismo.
Parece un poco irónico que este debate y estos negros augurios demográficos hayan coincidido con el debate sobre la inmigración, paradojas de la vida, y una vez más saldrán los voceros advertidores de que los salvajes que nos invaden terminarán por llevarnos a la ruina cuando la realidad es que quizá sean los únicos que pueden hacer que la ruina no llegue ni se la espere.
Óscar DÍAZ GARCÍA









