El plan de recorte del Gobierno presentado ayer y la suma constante e histórica de no aumentar la presión fiscal a las rentas altas, ha abierto por primera vez desde el comienzo de la crisis la posibilidad de un ciclo de protestas respaldado por los sindicatos de clase y los que se vayan uniendo.
La primera medida que nos han anunciado hoy ha sido convocar una huelga general en el sector público para el próximo día 2 de junio. De momento la propuesta y plan presentado por el Gobierno, que será aprobado como Decreto-Ley, ha sido aplaudida y bien vista única y exclusivamente por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Central Europeo ya que siguen las líneas marcadas por la UE.
Sin duda, el manido asunto del déficit público y la deuda se han convertido en el eje central de la preocupación económica en España. Disminuir el déficit y la deuda es ahora el objetivo principal del Gobierno ya que son presentados como la causa de todos los problemas. Cabe destacar, que a pesar de la foto fija que estamos teniendo y que mediáticamente se nos traslada, algunos más que otros, la deuda pública española no es tan alta como para constituir un problema dramático. Bastantes países relevantes de la UE tienen deudas considerables y muy elevadas y debemos entender que es la deuda privada avalada por el Estado, la causa principal del problema. Por aquí y por las rentas altas es por donde se debería de poner la tijera en funcionamiento.
La deuda no es más que una consecuencia adicional de una crisis generada por un sistema económico no del todo eficiente, además de injusto. Algunas de las medidas previas del Gobierno teniendo en cuenta el compromiso social han hecho y permitido que el sistema financiero español no se haya hecho añicos, no haya habido un declive sin retorno de la gran industria y que gran parte de la población haya dispuesto por lo menos de unos ingresos mínimos (subsidio de desempleo).
El Gobierno, para resolver el problema nos presenta un durísimo programa de ajuste que en lo mollar afecta fundamentalmente a un determinado perfil con nombres y apellidos (la función pública). Sin duda y debido a las exigencias planteadas desde el Fondo Monetario Internacional y BCE el Gobierno se aleja de sus principios básicos, originarios e ideológicos y no toca ni si quiera de refilón la posibilidad de exigir la cooperación de quienes más tienen y de aquellos que, merced a las ayudas públicas, han salido ya de la crisis, especialmente el sistema financiero. Si las exigencias marcadas por los Organismos Internacionales y europeos son las que son, todos sin excepción alguna debemos arrimar el hombro, por qué, qué se les exigirá ahora a los Bancos después de que están empezando el retorno de sus mejores momentos teniendo jugosos beneficios de los ahorradores, qué se le exigirá a los mercados financieros (bolsa) que está recuperando con los vaivenes de rigor parte de su riqueza y qué planteamiento y exigencias se les hará a los empresarios que sin suda y como una gota de agua cristalina se están aprovechando de esta situación agazapados en sus trincheras para lograr un mercado laboral y un sistema fiscal muy favorable a sus intereses sin ser capaces ni tener voluntad alguna de avanzar con medidas innovadoras e imaginativas. En fin, planteémonos la deuda y el déficit en términos absolutos y considerémoslos como una consecuencia adicional de una crisis generada por un sistema económico poco eficiente y sobre todo injusto, muy injusto.
En cualquier caso, creo que las responsabilidad de los sindicatos una vez más brillará en su trabajo, a la hora de mantener la línea y concertación del Diálogo Social y la negociación de la Reforma Laboral, dejando claro que lo que menos se necesita hoy por hoy es una huelga general en toda regla, aunque sin duda, están en la obligación de propiciar una huelga en el sector de la función pública. Esperemos que el efecto de estas medidas impuestas al Gobierno desde otros estamentos no sea el inicio del quebranto de la paz social que necesita nuestro país. Aunque en cualquier caso, alguien deberá pensar con la cabeza y corazón que si existe una voluntad real de hacer las cosas medianamente bien, no se pueden plantear soluciones que no afecten a los poderosos.
Óscar DÍAZ GARCÍA











