Óscar Díaz García

Por qué somos tan tolerantes los españoles con la corrupción

14 Julio 2009 · 2 comentarios

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Me quedo sorprendido por la tendencia y cariz que va tomando las cosas, hace unos días  en el último barómetro demoscópico publicado por el diario El País podemos observar como se consolida la ventaja del PP sobre el PSOE y la victoria de estos en el hipotético caso que se celebraran elecciones generales en breve. Lo sorprendente de la situación es que actualmente todos estamos sujetos al examen continuo y permanente  de la opinión pública y, más aún, al de la publicada, y como muestra podemos ver diariamente las lindezas de los medios en general y de sus editoriales en particular.

Lo que me deja fascinado y me cuesta encajar desde un razonamiento coherente es por qué en una situación de crisis internacional y entendiendo que se están haciendo las cosas dentro de un orden razonable desde el gobierno con las dificultades añadidas del escenario y del contexto (no olvidemos que hay que seguir gobernado para todos y con todos), el PP consolide esta situación después de todo lo que tiene encima.  Creo que no se está siendo consciente del grave problema de la corrupción en nuestro país y, sobre todo, cuando esta se está dando en la cúpula del partido de la oposición y que a priori está llamado a ser alternativa de gobierno. Cómo se entiende que el partido que en estos momentos representa la corrupción tenga un apoyo mayoritario de los ciudadanos, cómo es posible que los que manejan y toman decisiones en la dirección popular tengan emponzoñado el funcionamiento de toda su organización  y no nos demos cuenta del precio que se puede pagar si esta gentuza llega al gobierno de la nación.

Lo que queda claro una vez más es que los votantes socialistas o votantes de la izquierda, con sus comportamientos muestran su disconformidad por las ausencias de discurso y proyecto (y para muestra lo que está ocurriendo en la Partido Socialista Madrileño) y por contra los incondiciones populares o de la derecha una vez más y a pesar de lo que pueda estar ocurriendo, cierran filas entorno a nada y más allá de una cuestión ideológica parece una cuestión de pruritos personales saliéndoles los ramalazos más “hooligan” que es lo que desbordan por todos sus costados.

Aunque no hay que caer en la complacencia y quedando claro  el estancamiento de la izquierda a nivel europeo y así lo ha dejado constatado las pasadas elecciones del mes de junio, también está claro que en España el PSOE está en el gobierno y es el único que ha soportado el avance de la derecha. Una derecha sin propuestas y sin capacidad de formular políticas y alternativas de futuro.

En la actualidad el PP es un lugar siniestro, lleno de vengadores que empiezan a trazar la línea del odio, cuando a diario amanecemos con las noticias de toda la chusma Gürteliana y los peces gordos del ladrillo y choriceo, y lo calamitoso de toda esta situación, es que mas allá de ser inmoral, es que esto cada día es más trágico y está más corrompido, porque ya no sólo está desprestigiando a las instituciones afectadas, sino  que el drama de la corrupción debería asolar la confianza del sistema y parece que tiene poco recorrido que los que presumiblemente pudieran ser alternativa de gobierno en nuestro país estén en una situación interna tan dantesca.

Creo que una nación, para superarse, precisa de unas instituciones sólidas, creíbles y honradas, para que los ciudadanos podamos acudir a ellas con total confianza, pero cuando la estela de la corrupción planea a diario por nuestras cabezas, el país se desvertebra y podemos imaginar lo que eso significa.

Terriblemente, para esta derecha llana y sin escrúpulos que padecemos en la oposición, la palabra “nación” o “patria” son tan solo de cara a la galería, mientras planea la siguiente corruptela o la próxima conspiración. Cuidado con lo que se nos puede avecinar amigos y amigas, porque nuestro país se puede encontrar rumbo a la italianización, donde gana el de la piel más pulida, el cabello más reluciente, los dientes más nacarados y la prostitutas más caras. Sólo espero que demos el impulso definitivo y necesario para que esto no ocurra y aprovechemos la presidencia europea del próximo año para demostrar y consolidar nuestro plan estratégico y para ocupar el espacio que nos demandan.

Óscar DÍAZ GARCÍA

Categorías: Política